El primer y quizás mejor recuerdo que tengo de Roberto Dorado es jugando al fútbol con él en un descampado de Carabanchel. Yo era un niño de cinco o seis años y él , a mis ojos, ya era un persona mayor de unos 25 años de edad. La familia de Roberto Dorado, su madre Consuelo fundamentalmente, había estado muy unida a la de mi padre en tiempos de la guerra civil. Tanto mi abuelo paterno como el padre de Roberto Dorado habían sido comisarios del partido comunista durante la contienda. Mi abuelo se pudo salvar de una muerte segura gracias a que estando recluido en un campo de concentración en Alicante, pudo hacerse con la documentación de un preso fallecido, alguien que no había tenido mayores responsabilidades durante la guerra. Con ese otro nombre, Pedro Sanz, fue puesto en libertad tras varios meses de reclusión e inició una vida azarosa en aquella España de la postguerra que le llevó a diversos sitios, entre otros, a trabajar en un circo. El había sido secretario de Azaña, abogado y fundador de Izquierda republicana antes de que la guerra radicalizara a todo el mundo. El padre de Roberto Dorado no tuvo tanta suerte, fue apresado y condenado a muerte.Tanto mi abuela, como la madre de Roberto, Consuelo, también fueron apresadas. Fue gracias al empuje de su mujer, que removió Roma con Santiago ,como el padre de Roberto logró por fin que le conmutaran la máxima pena por la de cadena perpetúa. Pasados unos años de reclusión sería posteriormente indultado y pudo recobrar su libertad. En el año 59 mi abuelo también pudo recuperar su verdadero nombre.
Roberto Dorado fue uno de los pocos militantes socialistas que mantuvo viva la llama del PSOE en el franquismo. Toda la oposición a la dictadura estuvo pilotada por el PCE y otros grupos mas radicales de troskos y maoístas. Dorado fue detenido y fichado por su vinculación con el PSOE en un momento en el que prácticamente había desparecido del mapa. El disgusto de su familia fue enorme, pues prácticamente acababan de salir de una muy gorda cuando su hijo ya estaba en la misma línea de batalla.
Recuerdo aquella tarde fútbol cuando nos fuimos a jugar al descampado. Era un ser entrañable, cercano, solidario.Se había licenciado en químicas. El y su madre habían venido a vernos. Consuelo había criado prácticamente a mi padre, tras los avatares de mi abuela en la cárcel. Le consideraba como a un hijo.
Luego llegó el momento de la transición, de la política, la legalización del PSOE, las elecciones, el posterior triunfo socialista y Dorado entró en otra esfera, la del poder. Fue el fontanero de la Moncloa. Un superministro en la sombra que aglutinaba y supervisaba la acción de varios ministerios. Le vi en alguna ocasión. Pero ya fue distinto. Siguió siendo el hombre bueno que habitaba en él, pero con la distancia del poder, al menos ante mi que ya funcionaba como periodista. Su generación cumplió con creces las expectativas y gracias a su trabajo España se modernizó y cambió. Es hora de reconocerlo.Y es hora de recordar a un hombre que por encima del pragmatismo siempre creyó de corazón en otra España , en una España fuera de la pobreza y de la exclusión, fuera de los prejuicios y de la ignorancia.Su padre, mi abuelo, fueron ejemplos de supervivencia, de no tirar nunca la toalla aún en la peor de las situaciones. Y eso es en lo que estamos. No tirar nunca la toalla y seguir apostando , malgré tout, por un mundo mejor, por una España mejor, a pesar del retroceso que ya se nos viene encima.Aquel joven de veinticinco años con la ilusión y la osadía de entonces, golpeando el balón en un descampado de barrio, es hoy mas necesario que nunca en el mundo de la política. Estés donde estés, un abrazo muy fuerte.
sábado, 3 de diciembre de 2011
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Me faltan las palabras para expresar lo mucho que me ha gustado conocer más de la vida del autor del texto y la manera tan extraordinaria de contarla.
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