Mostrando entradas con la etiqueta abusos menores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta abusos menores. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de diciembre de 2011

EL SÓTANO DE LAS SOTANAS

Con estupor he leído el informe de la comisión creada en Holanda para esclarecer los casos de abusos a menores. El informe parte del año 45 y llega hasta los ochenta del pasado siglo. De alguna fecha hay que partir pero es casi imposible no pensar que todos estos abusos, aberraciones y violaciones han sido una constante de la iglesia desde tiempos pretéritos. Como en los casos ya sabidos de Irlanda o de Bélgica lo que mas me sorprende es el silencio y la complicidad de todos los estamentos civiles y religiosos. Aún sabiendo que estos actos criminales se estaban produciendo nadie hizo nada por detenerlos. Se dice pronto pero cerca de 20.000 niños sufrieron estos abusos, niños que hoy tienen entre treinta y cincuenta años. En al menos mil casos está acreditado que hubo violación. Toda esa información llegó al Vaticano que hay que recordar que es un estado con sus leyes y sus convenios internacionales. Sin embargo, la curia, el papa de turno, prefirieron mirar para otro lado, no enfrentarse a la realidad, dejar desprotegidas a la víctimas que ya habían sido y a las que estaban a punto de ser, y obrar como si nada de todo esto existiera y fuera corrompiendo los cimientos de su propio credo. Yo me pregunto cuántos de aquellos abusadores pasaron a formar parte de esa curia tan pintoresca, con capacidad para decidir que es lo bueno y lo malo para sus creyentes, con capacidad para impartir magisterio en las vidas de las personas. Yo me pregunto por qué decidieron ser cómplices de tales delitos y encubrirlos antes que denunciarlos y poner a sus autores ante la justicia. Y la verdad que no hallo respuestas o si las hallo considero que toda la jerarquía eclesiástica debería sentarse en el banquillo de los acusados. Ochocientos curas es el número acreditado de sacerdotes pederastas durante estos años en Holanda. De ellos sobreviven cien. ¿Y dónde están, que hacen? No me basta con que la iglesia indemnice a las victimas. Ya sabemos que el dinero no es su problema. Un estado que ha sobrevivido dos mil años ha debido aquilatar una inmensa fortuna y sus dividendos se esconden igualmente en la sombra de sus bancos repletos de oscurantismo y conexiones poco edificantes. Sería mejor que destaparan todas sus vergüenzas, que pidieran perdón a las víctimas, que hicieran examen de conciencia sobre su sexualidad y que determinaran que nunca jamás van a amparar a los delincuentes. Yo no quiero cargarme a la iglesia católica. Simplemente no creo en ella, como no creo en ninguna religión. Pero si creo en la dignidad de las personas. Y me pregunto qué ha pasado en España durante estos años de oprobio de la religión católica en países europeos que gozaban de democracia. Aquí con una dictadura tildada de cruzada pocas noticias tenemos. Y somos tan pacatos que incluso en  la investigación sobre el escándalo de los robos de bebes, en los que intervenían directamente hombres y mujeres ligados a la iglesia, hemos sido incapaces de llegar a ninguna conclusión.

lunes, 29 de marzo de 2010

LA COSTRA NOSTRA

Hay heridas que supuran en la humanidad y que nunca cicatrizan por mas que un espeso manto de silencio y de complicidad traten de remediarlo. Hay gritos que nunca callan, que nunca los tapona el silencio, por mas que sus notas se pierdan en la desesperación de la soledad, en la incomprensión del mundo. Ahora que las piedras de las iglesias se resquebrajan por el moho de la indecencia, las sociedades del "mundo civilizado" empiezan a oír los gritos silenciosos de innumerables niños, ya adultos, que fueron violentados bajo la oscuridad de las sotanas. Niños que tardaron años en comprender que su cuerpo no fue mas que un duro objeto de satisfacción para aquellos hombres que hablaban en nombre del bien, en nombre de Dios. Si yo formara parte de esa Iglesia no dudaría en denunciar a todos aquellos que han hecho el mayor daño que se puede hacer a una institución: desacreditarla.
Muchas veces no queremos llegar a profundizar en el alcance de todos estos delitos protagonizados por hombres a los que la sociedad confiaba sus hijos para la educación, la formación espiritual o la caridad. La verdad de todo lo que se esconde en instituciones reguladas por sacerdotes o religiosos se ha ido abriendo paso poco a poco, gracias al empuje de los medios de comunicación, a veces, incluso con la reticencia de las propias víctimas que aún siguen conservando el miedo a no se sabe bien qué; otras, gracias al impulso decidido de esas mismas víctimas. Los abusos a menores en la Iglesia norteamericana se intentaron tapar con dinero, pero el escándalo era de magnitud tan grande que no sólo se han arruinado varios obispados por el pago de las indemnizaciones sino que ha dejado en puntos suspensivos ante la sociedad norteamericana la pervivencia moral de una iglesia incapaz de defenderse con argumentos civiles.
La monstruosidad de lo que ha pasado en Irlanda, agravada por el hecho de que la inmensa mayoría de los menores abusados era huérfanos y no tenían manera de defenderse, es la gota que colma el vaso, en uno de los países mas católicos del mundo. Austria, Alemania, España... En los próximos meses no pararemos de asistir a denuncias de menores que hoy ya no lo son y seguira creciendo nuestra indignación ante tales vesanías. Pero no sólo es la Iglesia la culpable de este ominoso silencio. También lo son las autoridades civiles, judiciales y policiales que nunca investigaron los hechos o que los consintieron como si fueran hechos ocurridos en un ámbito ajeno a las leyes, el religioso. Esa coartada o ese freno ya no valen. Casi mejor no echar la vista atrás y pensar lo que ha podido ocurrir en esas instituciones en los tiempos en que el clero tenía de facto el poder sobre toda la sociedad.
Pero las víctimas hablan al igual que los cadáveres. Esa herida ha permanecido abierta y , aún en forma de costra, supura todos los días, a todas las horas, todos los minutos, hasta que ha estallado. No valen nuevos sermones sobre la debilidad de los hombres, o los dimes y diretes de los vecinos, como afirma el Papa. A los delincuentes hay que detenerles y si, como en el caso de la iglesia, la pederastia se presume como una plaga habrá que pensar en sus causas y corregirlas. Nadie puede renunciar a la sexualidad por decreto. El problema parace complejo, pero la naturaleza es la que es y buscar otras formas de complacencia sexual , como abusar de menores, creyendo que con ellas se disimulan las tendencias naturales, sitúa el problema en la esfera delincuencial.
Como siempre hay que decir que la inmensa mayoría de sacerdotes o religiosos son hombres honestos, que nunca han cometido abuso alguno y que se han entregado a los demás desde la óptica de sus creencias, nos gusten mas o menos. Es a esos mismos sacerdotes a los que hay que apelar para que denuncien abiertamente una situación que amenaza con pulverizar toda la ética de la vida religiosa. Su silencio sería la peor de las noticias.

Seguidores

Buscar este blog