martes, 6 de julio de 2010

LAS PATAS DE UN BANCO

El presidente de Bancaja le ha dejado a su amigo Jaume Matas tres millones de euros para hacer frente a su fianza y eludir la prisión. El propio juzgado se lleva las manos a la cabeza por la facilidad con que el ex presidente balear ha conseguido tal suma de dinero a un interés tan competitivo. Bancaja se va a fusionar con Caja Madrid y ambas entidades recibirán fondos públicos para equilibrar sus finanzas. Bueno, ya sabemos cuales son las prioridades de Bancaja. Salvar a los amiguetes. Probablemente el crédito a empresas y a familias esté mas que cerrado, pero dinero para otros menesteres parece que si hay. Lo sorprendente es que seamos los ciudadanos lo que tengamos que pagar la factura de una banca que se comporta en España - con raras excepciones- como si de señores feudales se trataran. Ya hubo un primer fondo al que se acogieron bastantes entidades, es decir, dinero público, que sale del bolsillo del contribuyente. La mala gestión, el despilfarro, los turbios negocios, el chanchulleo político de las cajas, o las inversiones en globo aerostático del ladrillo se han premiado con mas fondos públicos para que los mercados encima no nos atosiguen demasiado. Siendo así las cosas nosotros los ciudadanos tendríamos que reclamar nuestra parte alícuota de sus beneficios, pues nos hemos convertido en accionistas suyos. Pero me temo que la banca en España es despiadada con el débil - la mayor parte de los ciudadanos- cauta con el adinerado y soberbia con el poder, al que parece tener sometido hasta límites inconcebibles. Una buena legión de abogados se encargan de velar por sus intereses, atornillar el cuello a los morosos y ejecutar hipotecas, cuentas y todo lo que pillen a quien ose dejarle algo a deber. Los jueces, por lo general, no suelen ser muy incisivos con el poder del feudalismo bancario. Así que todo apañado. Si les va mal, el estado paga. Si les va bien, recaudan raudos sus beneficios. El estado les ayuda y luego con esas ayudas compran deuda pública. Los intereses que generan esa deuda se los apropian sin misericordia. Pero cosa mas absurda no he visto en mi vida. ¿No sería mejor que el propio estado se autofinanciara, en vez de dejarles dinero público que a su vez sirve para financiar al estado cobrándole a este unos intereses altísimos? Aquí nadie dice nada. Todo parece normal.
Dice un amigo mío que las siglas SA, - sociedad anónima- en realidad significan "sin alma". A alguna empresa desde luego se le podría aplicar esa definición. Alma no creo que tenga tampoco una gran parte de la banca. Yo me quedé muy flipado con una maniobra orquestada por otra caja, Caixa Galicia, con sus famosas coberturas de tipo de interés. Resulta que usted va a esa caja y pide una hipoteca. Ellos, siempre pensando en el ciudadano, le ofrecen ese maravilloso producto por su bien. Estamos hablando del año 2007 cuando los tipos de interés estaban en torno al 5 por ciento. Ese producto le garantizaba al ciudadano que en el hipotético caso de que los tipos de interés siguieran subiendo con esa póliza se frenaban en el 6 por ciento y todo lo que sobrepasara a partir de ahí se hacía cargo la cobertura de tipo de interés. Bien, parece un buen producto, máxime en aquellas fechas en la que los tipos subían día sí y día también. Además ese producto iba inexorablemente unido a la firma de la hipoteca. O sea, que te gustara o no tenías que firmarlo. Bien, pues a partir de 2007, y una vez firmado el bendito producto, los tipos de interés empezaron a bajar hasta alcanzar los mínimos históricos en los que nos encontramos. Llegó la crisis. Y entonces los ciudadanos que habían firmado descubrieron la bondad del producto: eran ellos los que tenían que compensar al banco hasta el cinco o seis por ciento. Como el euribor bajó hasta el 1 por ciento, pues tocaba pagar 4 o 5 puntos. Es decir, que se pagaba y se paga mas por el producto que por la hipoteca. Caixa Galicia comprendió muy bien la situación y por mas reclamaciones que se le hicieron se cerró en banda y exigió y exige el desembolso de esas cantidades astronómicas. Menos mal que entre todos íbamos a salir de la crisis- ¿se acuerdan de esa campaña, de que entre todos lo arreglamos?-
Si era un alivio pensar que los tipos iban descendiendo - esa es otra, pues por mucho que desciendan la mayoría de los préstamos tienen un suelo fijado del 3 por ciento, otra sinvergonzonada- el alivio se trocó en pesadilla al enterarnos de la verdadera naturaleza del producto maravilloso que defendía a los clientes. Nadie se ha atrevido a poner las cosas en su sitio, aunque algunos juzgados hayan empezado a alarmarse por lo que yo calificaría como una presunta estafa. ¿Y el Banco de España? Calla.
A pesar de lo que parezca no estoy en contra de toda la banca. Lo estoy en contra de aquellos banqueros, cajuchas o entidades que asfixian a las empresas, que no creen en proyectos, que destrozan los sueños de los emprendedores, que no tienen visión de futuro, ni de país. Sólo buscan el interés inmediato, el sometimiento económico del ciudadano. Y a buena parte de esta banca pacata, ruin y usurera la estamos financiando con nuestro dinero público.

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